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YO DIGO “SI” A UNA SOCIEDAD RESPONSABLE, ADULTA Y DEMOCRÁTICA

YO DIGO “SI” A UNA SOCIEDAD RESPONSABLE, ADULTA Y DEMOCRÁTICA

La visión de la mujer, su papel en la sociedad, su valoración y roles responden a una manera de entender lo público, el Estado y el gobierno, ya sean de las naciones o de cualquier otra institución. Hoy y ahora, en que la sociedad se enfrenta a un escenario económico y social complejo, con retos planetarios como el calentamiento global o la gestión de la globalización, las nuevas tecnologías o el empleo, la mujer y sus derechos se sitúan en la primera línea del debate político y público. No es un hecho casual. La Mujer y sus Derechos es, en el fondo, el debate sobre qué sociedad queremos y hacia qué sociedad nos encaminamos. La aceptación, como un hecho incuestionable e histórico, del rol subordinado de la mujer esconde una visión de una sociedad capaz de convivir con personas de primera y de segunda o tercera categoría; una visión de la sociedad capaz de aceptar los privilegios de un@s frente a otr@s como algo “normal”, “lógico” y hasta cierto punto “necesario”. El debate sobre el empleo, sobre la distribución de la riqueza, sobre el papel del Estado, sobre la migración, sobre el crecimiento demográfico o sobre la Renta Básica Universal están subordinados a los Derechos Universales de la Mujer. ¿Por qué?

Sirvan dos ejemplos para reflexionar. El primero, sobre el empleo y las nuevas tecnologías. El segundo, sobre el envejecimiento de la población.

Nos enfrentamos como sociedad, a un proceso creciente de automatización de tareas y funciones desempeñadas hasta el momento por personas. Aunque el impacto más evidente se centra en los entornos industriales, donde los robots ya ocupan un lugar relevante en las fábricas, este hecho se extenderá a otras áreas donde, por ejemplo, ordenadores sustituyan a personas en centro de atención de llamadas o máquinas más o menos inteligentes sustituyan a personas en procesos burocráticos en empresas e Instituciones. Lo cierto es que en el futuro el número de trabajos disponibles se reducirá sensiblemente hasta que la formación de los futuros trabajadores/as se adecúe a las necesidades de la economía. Entretanto, reducir el número de personas en búsqueda activa de empleo es una táctica posible y para ello que la mujer recupere su rol tradicional, en el hogar y sin remuneración, es una alternativa posible.

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Del mismo modo, la mujer y sus derechos están en el centro del complejo problema demográfico donde la población de las sociedades más avanzadas envejece rápidamente frente a los países en desarrollo con una natalidad más amplia. Aún siendo cierto que el crecimiento demográfico se ralentiza en todo el planeta está aún lejos de un escenario estable en términos de distribución de población. Los países desarrollados necesitan mano de obra joven para ofrecer servicios a una población cada vez más envejecida y mantener un nivel de ingresos por impuestos capaz de hacer frente a los enormes gastos sanitarios y de prestaciones por jubilación que ya estamos anticipando. De nuevo, retroceder en los derechos de la mujer sobre su capacidad para decidir si quieren o no ser madres y en qué condiciones vuelve a estar en el centro de esta cuestión. Es posible que recuperar esa figura de “madre” forme parte de la hoja de ruta de las posiciones más reaccionarias de la sociedad.

Estos dos casos son sólo un ejemplo de las amenazas a las que nos enfrentamos en cuanto a los Derechos de la Mujer y el camino que nos queda por recorrer. Entender que está sucediendo, comprender a qué responden determinadas estrategias de comunicación, visibilizar los riesgos a los que los derechos alcanzados se enfrentan es la única manera de poder seguir avanzando en el objetivo compartido, de una sociedad más equitativa, libre y responsable.