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Yo digo SI a ser como soy y a vestir como quiero

Yo digo SI a ser como soy y a vestir como quiero

Otro de los frentes de batalla, como la alimentación, es la Moda. La “temporadas” imponen un consumo desaforado por estar “a la Moda”, por los pantalones o las faldas, los monos o las camisetas. Las modelos son referencias a imitar y durante años han sido el estándar de belleza al que las mujeres nos veíamos condenadas a parecernos. El ideal “anoréxico” impuesto por la industria de la moda de manera inconsciente en unos casos o expresiones de una visión inmadura de la mujer en otros, mostraba mujeres imposibles, delgadas, cuerpos de niñas en almas de mujer como imágenes ideales que desear y parecerse. Ir a comprar ropa puede convertirse en una tortura, intentando encajar en unos pantalones de “Barbie” cuando tu cuerpo es tu cuerpo y la talla 38 te asfixia. La autoestima por el suelo, el miedo a que te vean, las comparaciones odiosas, las recomendaciones de dieta… Tenemos que romper las costuras que nos aprietan y dominan, ser nosotras mismas sin miedo al que dirán, sin buscar ser lo que no somos, rebelarnos ante la imposición de la juventud siempre, la delgadez como ideal, la 34 o la 38 como mito.

La moda es también un espacio para la rebelión y el empoderamiento, un campo de batalla donde ganar el pulso al patriarcado todos los días, siendo nosotras mismas, apoyándonos unas a otras, respetando y amando nuestro cuerpo. Somos, sin más, mujeres. Desde el siglo XIX la mujer ha batallado activamente por cambiar la dominación masculina del negocio de la moda… porque la moda es, ante todo, un negocio.

Sirva éste párrafo para observar, a vuela pluma, los cambios en el modo de vestir de las mujeres en los últimos 100 años. A finales del XIX el corsé empezó a desaparecer de los armarios femeninos. Ese instrumento de tortura para conseguir la cintura “de avispa” y las curvas pronunciadas que los hombres querían ver en sus posesiones provocaba pérdidas de conocimiento e impedía los movimientos a las mujeres. Las sufragistas, a comienzos de siglo, introdujeron dos colores en la moda femenina, el verde para simbolizar la esperanza y el morado, que hoy es el color del movimiento de liberación de la mujer, que representaba la libertad y la lealtad. Durante la I Guerra Mundial las mujeres empiezan a vestir con pantalones y chaquetas y se cortan el pelo. Son las Working Girls, que encuentran en Channel un paso más en la aventura de la liberación, incorporando ropa masculina al armario femenino: sombreros, bastones, chaqués, cigarrillos y el corte de pelo garçon como arma de rebelión. Los primeros bañadores de dos piezas no ven la luz hasta la segunda guerra mundial. Hasta entonces la mujer acudía a las playas cubierta de pies a cabeza para no despertar, el mismo argumento que utiliza el islamismo radical, la naturaleza de los hombres. En 1946 nace el bikini, en el 66 la minifalda, en los 80 la ropa unisex…

¿Moda y feminismo? #YodigoSI a la libertad de ser como soy y a expresarme a través de la ropa sin miedo y sin imposición. Es un ejercicio liberador no seguir los dictados del negocio de la moda, no vivir encadenadas a las temporadas, a los armarios actualizados cada tres meses. La moda es un negocio, estético y glamuroso que puede servir al patriarcado más represivo como a la libertad y la igualdad de género. Las pasarelas hoy empiezan a mostrarnos, por la presión y la reivindicación de las mujeres, otros cuerpos, otras pieles, otras edades… Un paso tímido del negocio que debemos seguir impulsando. Está en nuestra mano y en los pequeños gestos luchar para cambiar estereotipos. No podemos derrumbar el imperio de la moda pero sí erosionarlo todos los días, mostrando nuestra rebeldía cada mañana, no dejándonos esclavizar por el peso, los colores, las tallas o los ideales impuestos. Ser libres, ser nosotras, ser yo misma. Simplemente… mujeres.

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