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YO DIGO SI A LA EDUCACIÓN EN VALORES

YO DIGO SI A LA EDUCACIÓN EN VALORES

Hay machismos conscientes y machismos inconscientes, machismos que se justifican con discursos y otros que brotan desde la costumbre, por la cultura, por puro automatismo. El machismo no es más que la expresión más vulgar de una estructura social que ha situado a uno de los dos sexos en posición de dominio y al otro, de sumisión. Cuándo y por qué se impuso este orden es complejo y se esconde en la noche de los tiempos. Lo cierto es que hubo un momento, en un pasado remoto, donde los dioses eran hembras y donde el rol de la mujer en aquellas sociedades primigenias era mucho más que un subordinado, una posesión o un ciudadano de segunda categoría. Es posible que al abandonar la vida de cazadores nómadas y recolectores y transformarnos en agricultores ,el rol del macho, más fuerte físicamente, estadísticamente más numeroso y , en términos reproductivos, más prescindible , impulsase este dramático cambio. La propiedad de la tierra, un concepto extravagante para aquellas tribus que se desplazaban detrás de las manadas de herbívoros, necesitaba ser defendida de otros. Es posible que a raíz de ese cambio económico disruptivo, la supremacía masculina, el patriarcado, se impusiese por la fuerza frente a otros modelos de organización social más igualitarios y menos belicosos. El matriarcado pervivió en algunas tribus de América del Norte hasta el siglo XIX como una reliquia de aquel pasado remoto. Es posible, también, que en el aquel remoto momento de la historia de la humanidad las diosas perdiesen su papel protagonista para reflejar su nuevo papel social. La mujer como objeto, como subordinada, como posesión, como madre más que como ser humano.


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El “machismo” ideológico no es más que la superposición de argumentos, hechos y normas sociales convertidas en una suerte de discurso de perfil bajo, lleno de lugares comunes y razonamientos débiles. Es una defensa agresiva de un privilegio injusto, como todos los privilegios. El otro “machismo”, el de los hechos cotidianos, el de las frases hechas, el de los tópicos surge sin reflexión alguna, como defensa irracional. Forma parte de “una manera de pensar” heredada y no reflexionada, del mismo lugar de donde brota la xenofobia o el racismo. “Mujer tenías que ser”, “las mujeres, que no sabéis de informática”, “las mujeres no sabéis conducir”, “las mujeres provocan”, “eres una maruja”… El machismo está en la poesía, en el cine, en el teatro... Ellas son mayoritariamente compañeras del héroe, necesitan ser defendidas, protegidas… Ellas son emocionales, sentimentales. Ellos, sin embargo, son fuertes y dominantes, se sobreponen al miedo, reflexionan con frialdad, dominan sus emociones, son más maduros. La poesía idealiza a la mujer, débil, frágil, etérea, apenas una niña. Todos estos elementos van apilándose en el inconsciente colectivo hasta ser considerados como “normal”, “lo que es”, “lo real”.

La educación en igualdad a nuestra infancia y juventud es una tarea imprescindible e irrenunciable. Desde el machismo “ideológico”” se argumenta que esta educación (en valores democráticos) es un ejercicio de ingeniería social, de perversión de la lógica social. Es exactamente lo contrario, la educación en igualdad y en libertad ofrece a la ciudadanía de mañana la capacidad de detectar este “machismo” de perfil bajo que nos acompaña en todo momento. La educación debe permitir a nuestra infancia y juventud desarrollar la capacidad crítica para no aceptar súbditas y sí ciudadanas. Y es en la educación donde el machismo “ideológico” se hace más fuerte y es más agresivo, argumentando el derecho de las madres y padres a elegir UNA educación MAS IGUALITARIA PARA NUESTR@S hij@s.

Ciudadanos y ciudadanas educad@s en equidad, con sentido crítico y capacidad de elección real, con valores compartidos incuestionables como el respeto a la diferencia, la solidaridad o el compromiso colectivo son esenciales para una sociedad moderna, equitativa, libre y democrática.