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YO DIGO NO A UNA SOCIEDAD SIN MEMORIA

YO DIGO NO A UNA SOCIEDAD SIN MEMORIA

En mayo de 1975, las mujeres españolas pudieron abrir una cuenta bancaria sin el permiso del marido. Eran entonces seres tutelados por sus padres, maridos o tutores, sin libertad para abrir una cuenta, firmar un contrato, comprar una casa, tener un negocio o viajar. Hace menos de 44 años, nada en términos históricos. Hoy miramos con asombro e indignación las terribles condiciones de las mujeres en los países dominados por el islamismo radical, como si en nuestro país o en nuestra Europa los derechos de las mujeres hubiesen formado parte de nuestra cultura desde siempre. Tuvimos, en España, “Padres de la Constitución” y ninguna “Madre”. Apenas una veintena de mujeres eran diputadas y senadoras cuando el país iniciaba su andadura democrática tras una larga, mediocre y machista dictadura. “Sumisas, entregadas y devotas” era la consigna que dominó nuestra sociedad durante los largos, grises y siniestros años de dictadura. La muerte del dictador, que compartía con otros dictadores la figura arquetípica de “padre de todos”, supuso el primer paso en la liberación de la mujer; mejor aún, el primer paso en el reconocimiento de que vivíamos, y aún lo hacemos, en una sociedad “patriarcal”, dominada por un sexo, basada en la discriminación, la explotación y la sistemática humillación del sexo femenino frente al masculino.

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En 1975 se reconoció el derecho al uso de los anticonceptivos, se despenalizó el adulterio y se reconoció la igualdad de derechos de los hijos/as nacidos/as o no en el seno del matrimonio “oficial”. La mujer veía reconocido, débil pero jurídicamente poderoso, el derecho sobre su propio cuerpo y sobre su capacidad para decidir sobre cuándo y con quién tener hijos/as, más allá de las costumbres tradicionales y de la presión política y social sobre ellas. También en ese año, las mujeres islandesas hicieron huelga y el país se detuvo en seco. Si la mujer “paraba”, el país se resquebrajaba. Las mujeres tomaban conciencia de su enorme poder en la sociedad y materializó una realidad oculta durante generaciones, durante miles de años. La sociedad respondía a un modelo “patriarcal”, que detrás de la industria, los derechos de los/as trabajadores/as, del libre comercio y la libertad de empresa se escondía una estructura social, económica y política basada en la supremacía del sexo masculino sobre el femenino.

Vivimos hoy, en toda la sociedad occidental, un movimiento reaccionario que quiere regresar al pasado, a un mundo imaginario de felicidad y equilibrio social que nunca existió. Quizá pensemos que los derechos reconocidos a las mujeres no pueden ser eliminados, que las conquistas obtenidas no pueden ser perdidas pero la historia demuestra que todo es posible, que es necesario seguir avanzando, defendiendo y consolidando cada pequeña o gran victoria porque es posible la vuelta atrás.
Es recomendable releer la historia, saber cómo era nuestra sociedad hace menos de 44 años, felicitarnos por los avances que hemos conseguido, para tomar conciencia también de su fragilidad, de las amenazas a las que nos enfrentamos y seguir, cada día, en cada lugar, en todo momento, en cada situación avanzando hacia una sociedad en equidad, en Libertad y en Justicia.