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Yo digo NO a la mujer como objeto

Yo digo NO a la mujer como objeto

Transformar a la mujer en un objeto está profundamente instaurado en nuestra cultura. Las reinas de las fiestas locales o los concursos de belleza son un buen ejemplo de ello. ¿Deberían desaparecer? ¿Se pueden transformar? Nos enfrentamos a tradiciones profundamente arraigadas y a negocios poderosos y globales. Es posible que no exista una única respuesta y que ambas sean válidas en estos momentos de lucha por la igualdad. ¿Podemos cambiar los criterios de selección de nuestras reinas locales o de miss mundo? ¿Necesitamos, las mujeres, concursos para ser iguales y libres, aún cambiando las reglas? ¿Es mejor erradicar estos modelos patriarcales de raíz?

Raquel Rosario, escritora dominicana y Especialista en Estudios de la Mujer, Género y Sexualidad, en su artículo en El Plural publicado en 2017 (https://tribunafeminista.elplural.com/2017/01/
certamenes-de-belleza-el-patriarcado-nos-viste-de-gala/ ), nos ofrece una visión descarnada del origen, la manipulación y el discurso que sostienen los concursos de belleza. Jóvenes, vírgenes y negocio, una combinación explosiva que está, queramos o no, en el fondo oscuro de estos “concursos”: La mujer como objeto, como mercadería, como reclamo, como medio para ganar dinero. Su paralelismo con el comercio de personas no es tan difícil de encontrar, es la misma lógica. Pero, como Raquel señala, hay mucho más.

 “No es coincidencia que los concursos de belleza hayan surgido el mismo año que las mujeres ganaron el derecho al voto en los EEUU. Fue una manera simbólica de recordarle a todas las mujeres (las que participan, pero crucialmente también a las que no) que no importa cuánto avancemos en la sociedad, al final del día la sociedad nos aplaude con más ahínco cuando nos ponemos un traje de baño y buscamos aprobación externa”.

Evidentemente, la comunicación cambia para adaptarse a los tiempos pero mantiene la esencia patriarcal decorada con palabras y conceptos alineados con el creciente cambio social. La web de miss América dice “Miss América es más que un título, es un movimiento para empoderar a las mujeres jóvenes de todo el mundo para que sueñen en grande, insistan en que se escuchen sus voces e inspiren un cambio en el mundo que las rodea”.

¿Y qué pasa con las reinas de las fiestas? En toda la geografía nacional se han nombrado príncipes y princesas, reyes y reinas de las fiestas “populares”. Los criterios para la selección de unos y otras eran diferentes y representan claramente dos roles sociales diferenciados. No se seleccionaba al “príncipe” por su cintura de avispa ni sus ojos arrebatadores como no se nombra reina a la más fuerte y dominante. Ellos eran líderes, ellas… decoración. Poco a poco la figura masculina se ha ido eclipsando para que solo sobreviva la figura femenina. La reina de las fiestas sigue vigente. Terminar con esta tradición es más complejo de lo que parece. Una ideología instaurada profundamente en la mente de las personas no se erradica a golpe de decreto o bando municipal. De hecho, cuando el movimiento feminista denuncia esta burda escenificación del poder jerárquico y la separación de géneros suele encontrarse de frente con personas y movimientos sociales que no pueden “visualizar” esta realidad discriminatoria. No comprenden por qué se denigra algo que consideran “normal”, que no esconde nada, que está lleno de valores positivos. Aún más, los argumentos a favor inciden, de manera mayoritaria, en el sectarismo del movimiento feminista, que ve “sexo, violencia y utilización de la mujer” donde solo hay “tradiciones populares sanas”.

El drama está en la incapacidad de ver la relación causa-efecto. El reto del movimiento feminista sigue siendo ofrecer a la sociedad las herramientas (capacidad de análisis y datos) para que puedan ver lo que es invisible para ella… Decía Saint-Exupery en El Principito que “lo esencial es invisible a los ojos”. Hoy quizá no es solo el corazón el que tiene que dejarnos ver lo importante, es la razón, la comprensión de la realidad y la capacidad crítica.

Octavio Salazar (Profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba e Investigador especializado en igualdad de género y nuevas masculinidades. ) en su artículo titulado La Reina de las Fiestas publicado en El País en 2013 realiza una crítica precisa de estas tradiciones sexistas
mujeres/1377271597_137727.html) y donde encontramos, a continuación, un debate intenso donde se enfrentan dos visiones, a favor y en contra. Como muestra bien vale este post con los “argumentos” a favor:

“Yo la verdad es que nunca he visto a ninguna chica sufrir por presentarse a reina, ni creo que una sociedad patriarcal el machismo o cualquier otra tontería las haya inducido a participar. Esas chicas tienen ilusión, y aunque no ganen, para muchas ya es un premio que vaya toda su familia y todos sus amigos a animarlas, no hay más que ver cualquier gala de pueblo en la que muchas chicas lloran de la emoción. Y detrás de todo eso hay mucho ensayo y muchas horas de planificación, al menos en los certámenes que yo conozco, que además ayuda a que las chicas hagan piña y que salgan grandes amistades. Vaya usted a decirle a esas chicas que lloran de la emoción en un escenario porque todos sus amigos han ido a verla y a apoyarla, que se baje de ahí porque la están utilizando como a una cosa”.
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